¿Cuál es el recuerdo más remoto que tengo de mi papá?
No estoy seguro, pero creo que es el siguiente:
Íbamos en plena cuesta Los Cristales en el camión Fiat verde
rumbo a Illapel y sonaba en la radio (o quizá era un casette) "La Parabólica" en voz de La Sonora de Tomy Rey. Él cantaba, yo
cantaba. Bailaba, nos reíamos.
Siempre me gustó viajar con él. No importaba levantarme a las 4am para emprender rumbo a Ventana o Santiago (en la época que cargaba ácido). Ni esconderme bajo unas mantas para entrar
a Lever, o esperar en una plaza con mi
hermano en Santiago (oye el wn irreponsable, jaja), o quedarnos en un
restauran insalubre o en la duna contaminadas de la hoy tristemente célebre Ventanas. Lo pasaba bien. Los recuerdos siempre
son remotos, de la infancia, pero ese gusto por viajar, a pesar de crecer, no
cambió.
La última vez que viajamos juntos fue un viernes 16 de junio de 2017,
el último año en que llovió de verdad. Fue un viaje desde Santiago a Salamanca. Me llamó tan encima que tuve que correr para llegar. Y sí, hay buses, pero yo quería viajar con él.
Pasó de todo. Llovía muy intensamente, a ratos apenas se
veía la carretera. Dos accidentes nos tuvieron detenidos largo tiempo (en un
momento mi papá se bajó y se puso a conversar con otro chofer de camiones. Así de amistoso
era) y un árbol en plena ruta (cayó por las lluvias) nos obligó a devolvernos varios kilómetros. Y claro, el clásico de siempre, paramos a
comer un sandiwch de queso-carne tremendo (sácale una foto para que lo vea el Roger). Comer siempre fue una demostración
de cariño.
En Los Vilos dejamos la rampa (me impactó su vitalidad y
fuerza frente a mi debilidad a la hora de desmontar la rampa).
Debimos llegar a las 11 de la noche, pero recién arribamos a Salamanca pasada las
2am.
Siento que llegar en camión a Salamanca fue innecesario.
Probablemente si hubiese viajado solo lo deja en Los Vilos. A pesar de que mi papá era chucheta y mal genio a la hora de manejar, esta vez, y
a pesar de los inconvenientes, andaba feliz y tranquilo.
En definitiva, lo pasé muy bien en ese viaje, igual como si fuera
un niño de 4 años escuchando la parabólica en un viejo camión Fiat.
***
Aunque el último viaje no fue ése. Y también la lluvia nos acompañó
ese triste jueves 30 de mayo del 2019, desde La Calera a Salamanca. Pero esa, aunque suene cliché, es otra historia.


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